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un día es más que las tareas terminadas

Al mirar la lista por la noche, podemos intentar entender a través de ella cómo ha ido el día. Algunas tareas están terminadas. Otras siguen esperando. Una lista que parecía corta por la mañana puede haber cambiado muy poco después de un día entero.

En momentos así, es fácil pensar que no hemos hecho nada.

Sin embargo, la lista solo conoce una pequeña parte del día. Muestra lo que hemos escrito y lo que hemos marcado como terminado. No ve todo lo que ha ocurrido entre medias. Aun así, a veces esperamos que nos cuente el día entero.

lo que no aparece en la lista

Alguien necesitaba hablar y le hemos escuchado. Un problema inesperado se ha llevado la tarde. Una tarea que creíamos breve ha revelado otras cosas que necesitábamos comprender.

A veces también nos hemos cansado, hemos hecho una pausa o simplemente hemos caminado un poco.

Todo esto forma parte del tiempo, pero no todo deja una huella en la lista. Hay cosas que no se nos ocurre anotar. Algunas suceden sin haberlas planeado. Otras no tienen un final claro que nos permita decir que están terminadas.

Puede que hayamos trabajado durante horas en algo sin haberlo terminado todavía. Encontrar las palabras adecuadas, aprender algo o acercarnos a una decisión difícil no siempre da un resultado que podamos marcar como hecho.

El día puede haber cambiado ya mientras la lista sigue pareciendo la misma.

lo terminado puede encontrar su lugar

Terminar una tarea puede sentar bien. Algo que teníamos presente ya no reclama nuestra atención. Se ha enviado un mensaje, se ha hecho una reparación, se ha tomado una decisión pendiente.

Ese alivio basta por sí solo. No necesitamos convertirlo en una medida con la que evaluar el resto del día.

Porque el número de tareas terminadas dice poco del esfuerzo que les hemos dedicado. Cinco tareas de unos minutos forman una lista más larga que una sola en la que llevamos días trabajando. Contar es fácil; saber qué representa esa cifra es más difícil.

En palilili, Hecho es el lugar de las tareas que ya no necesitan atención. Lo que está allí puede mostrarnos qué podemos dejar atrás. Que haya pocas cosas no significa que al día le haya faltado algo.

Una lista no necesita evaluarnos para ser útil.

dejar que el día termine

Cuando llega la noche, aún puede haber algo que hacer. Un mensaje que enviar, unas páginas que leer, una pequeña tarea que podríamos resolver antes de mañana.

Si esperamos a que la lista esté vacía para parar, el momento de hacerlo puede alejarse cada vez más.

Podemos elegir seguir con una tarea que importa. Podemos dejar para más tarde algo que queda pendiente. Pero no tenemos que terminar todos los puntos antes de descansar. Tampoco tenemos que ganarnos con tareas terminadas el tiempo que nos reservamos al final del día.

Cuando cerremos la lista, algunas cosas quedarán a medias. Parte de lo que ha ocurrido ese día nunca habrá estado escrita allí. Una conversación, una comida larga, unos minutos mirando por la ventana. No tenemos que añadir todo eso al balance del día.

La lista está ahí para ayudar cuando volvamos a necesitarla.

No hace falta que termine cada tarea para que termine el día.